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Un centro de datos consume agua de tres formas: en la producción de energía eléctrica, en la refrigeración de los servidores y en la fabricación de los componentes electrónicos (de esta última hablaremos otro día).
El uso de agua durante la generación de electricidad puede ser responsable de más del 70% del consumo total de agua de un centro de datos1. Especialmente, si obtienen la electricidad de centrales nucleares, de gas o de carbón.
Pero también consumen energía en el mismo territorio donde se instalan. La electricidad, tras su uso en los servidores, se disipa en forma de calor, que hay que expulsar fuera del centro de datos para que los componentes puedan funcionar.
Decimos que un centro de datos consume agua:
NO si procesa el agua y la devuelve al cauce,
NO si la usan y la envían a la depuradora local,
NO si sus apenas 60 empleados tienen sed, sino cuando se extrae permanentemente de la cuenca hidrográfica local mediante evaporación o procesamiento químico para su empleo en el sistema de refrigeración.