2026-05-27 01:43 UTC
II.
Mosho vivió durante catorce años. catorce años son 5110 días. Ni uno de esos días hubiese renunciado a dejar de mirarlo, jugar juntos y cuidar de él. Desearía que fueran muchos más.
Era la mar de gracioso y salao. Me cuesta decir que “era”. Hace cuatro días amaneció en casa. Él no sabía que ese día sería el último, pero yo sí. Eso me duele mucho.
Como os decía era la mar de gracioso, mi richi, mosho. Lo recuerdo durmiendo boca arriba y con las patas delanteras en ele descansándole arriba de la barriga. Su carita cuando se ponía así daba mucha risa. Estaba en la glooooria.
Mi hijo era todo un holgazán, un ejemplo de vida deliciosa y sosegada. No se metía ni con las moscas, de hecho, hablaba con ellas. Yo le decía que hablaba muy bien en arameo. Qué le diría a las moscas?
Adoro escuchar y recordar los sonidos tan curiosos que hacía. No era su voz de maullar, más bien mascullaba algo más parecido a las palabras pero con su voz de gato. Es para escuchar.
También recuerdo que venía, bien temprano, a pedirme la lata dándome golpecitos en el brazo que se me quedaba al borde de la cama. Estaba dormida, pero algunos de sus golpes conseguían despertarme sin hacerme daño muy ágilmente.
Entonces, yo me levantaba y él se aseguraba de que mis pasos no se perdieran de camino a la cocina. Iba siempre delante de mí, ni demasiado cerca como para que pudiera adelantarlo ni tan alejado como para perderle de vista.
Esperaba su lata con ansía, su mirada de ojos saltones del color de un cielo azul claro, y se sentaba con expectación y respeto.
Mi hijo, lo que os decía, *era* lo más bonito del firmamento.
4 días en que estás de viaje a otro lugar que no sé. Te amo infinito 🫂🩵🩵🩵
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